jueves, 14 de junio de 2007

Modas y modismos.

Siendo un niño la moda ya me desvelaba por las noches. Y no me refiero a la moda que dicta el diseñador Valentino Gorrinini o la maniquí Kate Drugs. Hablo de las modas que había en la escuela.

Soy uno de esos afortunados que crecieron durante los 80/principios de los 90; uno de esos que veian a Espinete, MacGyver y demás. Y en aquella época -a lo mejor ahora también, no lo sé- se solía dar el extraño fenómeno de las modas.
Nunca entendí cómo funcionaba aquello. No sé si era suficiente que un niño más o menos popular o carismático se pusiera a difundir la nueva moda por su cuenta o si respondía a una suerte de contubernio judeo-masónico o a la alineación de 3 o más planetas. Pero era extraño, ya que las modas iban por ciclos y aparecian y desaparecian tan rápidamente que daba vértigo. Tanto es así que lo que una semana parecía toda tu vida a la semana siguiente debía estar en el olvido, empujado por la nueva moda. Pero el hecho es que, o estabas preparado para transformarte rápidamente o estabas condenado al ostracismo y a la humillación pública. Y no era fácil estar preparado...
Una de las pocas modas que siempre estaba deseando que llegase era la de la trompa -lo que el resto del mundo conoce como peonza en Mundaka se llama trompa-. Y es que, pese a que en el resto era entre malo y patético con la trompa era magistralmente bueno. Aunque la moda de la trompa tenía sus partes malas...
Recuerdo cuando la moda llegaba por la puerta de atras, sin avisar. Salias de la escuela para ir a casa a comer y... ¡mierda! ¡todo el mundo haciendo bailar la trompa! Rápido... tengo que llegar a casa y... encontrar la trompa... ¡corre o serás white trash!
-Amaaaaaaaaaaaaaaaa, ¡dónde está la trompa?
-Estará en su sitio. ¿Para qué quieres ahora la trompa?
-¡Que están todos jugando! -revuelves todo el cajón sacando mierdas que no hubieras encontrado en la vida si las hubieses estado buscando- ¡no está! Seguro que me la has tirado como siempre...
Entonces ama venía, con cara de "te voy a dar una...", metía la mano en el cajón y... ¡flop! la trompa. 0,2 segundos de búsqueda; ni Google oiga. -Aquí está-.
Tras la alegría de haber encontrado la trompa viene la primera desilusión: No está la cuerda. -Ama! la cuer...-
-¡¡¡QUE TENGO QUE HACER LA COMIDA!!! -Glups.. mejor la busco yo... ¿Que es esa pelusa negruzca y hecha mierda? ¡Coño! ¡la cuerda!.
Entonces llega la segunda desilusión: La cuerda es un revoltijo sucio y la trompa, que tanto te esmeraste en pintar, tiene un montón de golpes y arañazos que tú, evidentemente, no recuerdas haber hecho. Ha debido ser un duende. Pero claro, con esa mierda de equipamiento no puedes ir a ningún lado, que se van a descojonar y tu vida social habrá terminado. Te diriges a la cocina tratando un plan infalible; vas preparando tu cara de pena y una argumentación incontestable. Tu madre no tendrá otra opción que darte los veinte durazos para una trompa.
-Amatxu... necesito cien pesetitas...
-Ni hablar. ¿Para qué? ¿Que has hecho con tu paga?
-¡Joooo! ¡que necesito una trompa! -obviando el hecho de que la paga me duraba 12 segundos de media-
-¡¿Otra?! ¡Si tienes una ahí! Ala, come y a la calle.
Mierda. Plan B: Una buena capa de titanlux y a correr. Me esmeraba pintando que ni Miguel Ángel en la capilla sixtina. ¡Y bien bonita me quedaba! Luego buscar unas botas viejas, quitarles el cordón y... ¡equipado! soy invencible...

Pero menudas palizas les daba con mi trompa vieja. Era implacable. Sufria tres minutos de humillación por mi vieja trompa, pero varios dias de gloria por mi habilidad.

6 comentarios:

Hassel the Hoff dijo...

Ahhh, que recuerdos...
La de tiempo que habré pasado jugando a la peonza (sí, en la capital las llamabamos peonzas, como la gente honrada!!!).
Yo creo que fueron el tunning de nuestra época, las pintabas, las cuidabas mas que a tu madre, las ponías chinchetas para evitar que alguien te la partiese por la mitad, eran el centro de tu vida hasta que alguien traia un balón nuevo o atracción similar, momento en el que volvían al cajón de los trastos.
Eso sí, yo creo que la peonza es un buen recuerdo común a toda nuestra generación. Fijo que a todos nosotros se nos ha puesto cara de nostalgia al leer esta entrada.
Ayyyyy, que feliz era yo entonces y que pringle soy ahora...

zaloa dijo...

He de desilusionarte, nosotros también le llamabamos y llamamos trompa, ese termino de 'peonza' es demasiado chic.
He de confesar que no se me daba nada bien eso de jugar a la trompa, apenas conseguía que bailara de punta, casi siempre lo hacia de culo (creo que le llamababamos a lo patata). Asique cuando en la plaza dominaron el baile y se pasaron a hacer circuitos y batallas preferí dedicarme a otros juegos en los que no me sentía tan torpe.

20R3Mun dijo...

¿y encontraste alguno? :P

Jokin dijo...

Snif, qué recuerdos. Yo era de los torpes, de los que cada temporada tenían que reaprender el manejo de la trompa/peonza.

DK / K dijo...

jo, y la moda del "choquetoque", la comba, la cuerda, la "regleta", y los álbumes de cromos... ainss...nosotros si que hemos tenido infancia

por cierto y esto es digno de bandas negras para los ojos: no me acuerdo del nombre, pero se puso de moda una mierda de juego de plastico patrocinado por la renfe y "si lo se no vengo" que costaba como 200 pesetas (ainss queridas pesetas)
si, eso que las 200 pts peor invertidas de mi vida XDXDXD

20R3Mun dijo...

Ah, ese no lo conozco. En Mundaka sólo tenemos Euskotren :D