sábado 4 de julio de 2009

Bush-man (más a gusto que un arbusto),

Este tío es el friki -en el buen, en el mejor sentido- más grande y genial que me he encontrado en mis aventuras por San Francisco. Y eso es mucho decir, que viendo el desfile del orgullo gayer pululaba por nuestra zona un tipo en bolas, con un algo atado al cipote para que no se le desempalmara, embadurnado en aceite de coco ¡y llevando peluca y barba postizas!

Pero Bush-man, Bush-man es más grande.

A ver, tú vas paseando por la zona más jodidamente turística de la ciudad, por una acera por entre los muelles de Wharf Area, donde, quiero dejar claro, no hay árboles ni ningún tipo de vegetación.
Es una zona turística, así que has de sortear pedigüeños, mercachifles y demás ralea típica. Entonces tus ojos captan una exraña figura: un hombre negro agazapado tras un jodido arbusto. Un arbusto que él mismo ha traido; un arbusto que él esta sosteniendo... ¡en una zona donde no hay arbustos! ¡Ni siquiera un helecho!
Confiado, debido a su astuto e imperceptible camuflaje, pasas a su lado prosiguiendo tu normal tránsito. Es entonces cuando Bush-man entra en acción y lo da todo: te pega un susto de 3 pares de cojones... ¡y te pide dinero! Bueno, más concretamente se lo pide a los que se lo estaban viendo venir y se descojonan a tu costa.
Y es acojonante, pero consigue asustar a un huevo de gente. Probablemente porque es negro.

No me digáis que no es un puto genio. Yo se lo he dicho cuando le he soltado un par de billetes. Y si vosotros venís alguna vez por estos andurriales, espero que hagáis lo mismo.




miércoles 1 de julio de 2009

Que me quiten lo viajado.

Como suelen decir por ahí, supongo que el viaje de mi vida es el que está por venir. O tal vez el viaje de mi vida sea ésta, en su conjunto, cuando toque a su fin.
Pero bueno, creo que lo que el promotor de esta entrada -Viajes Barceló, de la mano de Bloguzz- requiere es que hable sobre mi mejor viaje hasta el momento. Pues debo decir que el actual, el inspirado por motivos personales, mi hinchazón de huevos y Hermann Keyserling. Entre otros motivos por considerarlo, junto con mi estancia en Suecia tal vez, auténticos viajes en lugar de turisteo. Claro que no desmerezco éste. De hecho escribo esta entrada en un Saloon del oeste en Frontierland, en el Disneyland de Anaheim. Turisteo a tope.

Lo que yo entiendo por viajar requiere más tiempo que la semana o quincena habitual. Tiempo para mezclarse con los lugareños, pararse y observar, reflexionar... En resumen, compartir los devenires de los nativos e interacuar. Y eso es lo que estoy ha ciendo, con la impagable ayuda de la más dulce Sanfrancisqueña y su inigualable familia.

El domingo día 21, sin ir mas lejos, me encontraba en una casa en el campo, en Stockton, cogiendo las más gordas, dulces y jugosas cerezas que os podáis imaginar, directamente del árbol, a escasos metros de la casa, con otros dos hombres. Y mientras nosotros charlábamos agradablemente, llevando tantos frutos al cesto como a nuestros buches, adentro se cocinaban delicias porcinas en la barbacoa.

Y al día siguiente, y con un Dodge Avenger de alquiler, condujimos por la Interestatal 5 hacia el sur. Por cierto, pasar junto a LA resultó un tedioso infierno. Pero llegamos a Anaheim, al primer Disneyland del mundo, creado por la imaginación y capricho de Walt, que incluso tenía un apartamento en Main Street. Y, sí, es un lugar artificial, capitalista, caro y tal, pero jodidamente divertido, limpio y feliz. Y lo estoy -estamos- pasando como un enano.

Mi vida en San Francisco, por otro lado, es la de un ocioso lugareño. Paseos por Wharf area, degustar comidas, bebidas y vidas, buscar sitios especiales sobre los que bloguear y fotografiarlos...
Todas las mañanas bajamos a una cafetería, en The Cannery, a cafeinarnos y planear el día. Tal vez ir a ver el Outdoor Exploratorium en Fort Mason, ir a la biblioteca o a alguna de las magníficas librerías de la ciudad, ir al comodísimo aunque caro cine de Bloomingdales... ¡o a cualquier otro!
El Sunset Disctrict, en el oeste, es una de las mayores zonas residenciales. Es un lugar tranquilo y que no muchos turistas visitan, aparte de los sitios clave. Pero es una maravilla con centenares de establecimientos donde comer, comprar cualquier cosa... y todo regentado por personas de las más diversas nacionalidades. Joder, en la misma calle puedes oir hablar chino, farsi, japonés, español, inglés, ruso... y comer comida de todos esos sitios, y visitar Green Apple Bookstore...
Casi todas las noches, para volver a casa desde el centro, Downtown, cogemos el trolebús 45, que nos trae hasta Leavenworth en Russian Hill, pasando por Chinatown, y la zona italiana. A veces paramos por ahí para ir a City Lights bookstore o cenar en alguno de los innumberables y baratísimos lugares -si se sabe escapar del turisteo, una vez más-. Si salgo a la calle veo Coit Tower en todo su esplendor, y sólo tengo que caminar dos manzanas para ver la tortuosa Lombard Street. Ni os imagináis la de fotos que hemos chafado bajando por esa calle, ¡pero la cantidad de turistas es ridícula!
Desde la calle Green o desde Hyde, uno puede disfrutar de impresionantes vistas de Alcatraz y la bahía, ver pasar los populares y preciosos tranvías. De hecho, estoy a un paseo del Cable Car Museum, que es gratuito y una visita magnífica.


Ya no estamos en Disneyland, sino de vuelta en San Francisco. El viaje de vuelta fué bastante agradable, hacia el norte por la misma I5, 300 y pico millas. La verdad es que conducir por los Estados Unidos es bien fácil. Y ayer, tras entregar el coche en la agencia de alquiler, fuimos una vez más al centro para ver... ¡el desfile del orgullo gay! Sé que hay importantísimos desfiles en casi todas las grandes ciudades, sí, pero en San Francisco, con una de las más grandes comunidades homo-bi-trans del mundo, es algo especial. Y, joder, fué hasta emocionante ver tanta liertad, tanta alegría, sin que a nadie le importase la tendencia sexual o desnudez del vecino.

Ahora ando mirando coches usados y subastas de bienes confiscados, porque me quiero hacer con uno. ¿Acaso la esencia de los viajes por USA no son los road trips? Quiero visitar Boise, Las Vegas, el Grán Cañón... ¿Veis? Otra vez. Todo está por llegar.

Un video de nosotros entrando en San Francisco con el coche:


¿Qué más puedo decir? Estoy viajando, estoy viviendo y estoy feliz. Y que me quiten lo viajado.

lunes 29 de junio de 2009

Green Apple Bookstore.

Me gusta leer guías de viaje; es una de mis aficiones. No sólo para conocer los sitios de visia recomendada, y posiblemente obligada, de mis destinos vacacionales, y así apovechar mejor el tiempo; me apasiona conocer su historia, su leitmotiv, la razón de su existencia... en resumen, para empaparme bien, para que la experiencia sea aún más enriquecedora.,

Pero las guías más típicas, comerciales, suelen ofrecer información muy similar y, admitámoslo, la base de las mismas suele ser idéntica. Si cogemos dos gúias diferentes de un mismo lugar, una vez traspasadas las capas superficiales -como pueden ser fotografías, estilo...- lo que resta, la esencia, es exactamente lo mismo.
Miles de personas visitando los mismos lugares por los mismos motivos, haciendo las mismas fotos... ¿No es un poco clónico?
Yo suelo intentar alejarme del rollo más mainstream, perderme o dejarme llevar, y descubrir fascinantes sitios, personas o comercios diferentes, que hagan de mi viaje una experiencia única e irrepetible. Por eso mis guías favoritas suelen ser las menos comerciales, las "raritas", las que hablan de cosas infrecuentes, prohibidas, misteriosas... También son las más dificiles de encontrar.

San Francisco es una ciudad jodidamente literaria. Escritores como Dashiell Hammett, Jack Kerouac, Robert Frost, Jack London y sus inmortables obras lo prueban. Y vaya si se nota, amigos.
En todas las guías de esta ciudad que ojeéis mencionarán indefectiblemente una -y sólo una- librería: City Lights Bookstore. Podríamos decir que esta librería y su dueño, el señor Lawrence Ferlingetti, junto con sus muchos amigos de aquellos tiempos -los años 50- fueron el epicentro del llamado movimiento Beat: jóvenes contestatarios y antisistema, sexo, alcohol y drogas; los claros precursores de los Hippies y, al menos para mí, más auténticos y salvajes. Y la librería aún sigue siendo contestataria y, si no del todo antisistema, sí alternativista.
No me entendáis mal, me encanta City Lights Bookstore. La he visitado múltiples veces, he pasado largos ratos perdido entre sus libros y he comprado varios -alguno publicado por ellos mismos-. Pero ya hay mucho escrito sobre el ello, de gente que escribe mucho mejor que yo, con más datos y tal. Y miles de turistas lo visitan cada año.
Hoy vengo a hablaros de otra librería de esta ciudad que me gusta incluso más.

Green Apple Bookstore
está situada en la avenida Clement, en el distrito de Sunset. Mirando desde fuera no se observa nada que la diferenia en exceso de otras librerías de viejo -que son cada vez menos-, con carritos de libros atestados, precios irrisorios, de saldo, atestando la fachada.
Pero si entráis, descubriréis un sitio cojonudisísimo: una impresionante cantidad de altas estanterías atestadas de libros -nuevos y usados-, divididas entre la planta principal y los varios anexos, pisos y locales adyacentes que han ido adquiriendo y uniendo mediante el derribo de tabiques o adición de escaleras, cada uno de ellos bautizado con el nombre de un tipo de manzana -Red Delicious, Granny Smith, etc-.
A primera vista puede parecer una distribución extremadamente caótica, con todos esos pasillos entre estanterías y libros, en diversas estancias y alturas, que dan la impresión de que encontrar un ejemplar en concreto debe de resultar imposible en ese antro de libreros locos. Pero entonces los ojos topan con las decenas de carteles rebosantes de humor y precisas indicaciones que nos dirigiran dónde deseemos. Además, es fácil hacerse con un plano de la tienda; están distribuidos por todas partes.
El lugar derrocha creatividad y amor a los libros por los cuatro costados. Su rollo bohemio y underground, con esa curiosa distribución casi tridimensional, nada cuadriculada... es una delicia. Y bastante parecida a la de City Lights, aunque más alegre y actual.

El catálogo del que disponen es ridículamente inmenso. Yo he sido capáz de encontrar una extraña guía de viaje que llevaba mucho tiempo buscando infructuosamente. Es una guía de lugares escabrosos, sombrios y terroríficos. ¡Ellos tenían dos copias a $8! Además, encontré otro libro del estilo que no conocía: una guía de viaje sobre lugares de alto secreto del gobierno y amiguitos... ¿alguien ha dicho Area 51?
Las temáticas que se tocan son de lo más variadas, también. Desde la teoría socialista hasta los juegos de mesa más tradicionales o modernos, pasando por la filosofía, cocina del mundo...

Id.

viernes 19 de junio de 2009

Musée Mécanique, San Francisco.

Cuando visité por primera vez este museo, allá por febrero, supe que tenía que hablaros de él en el blog. Obviamente no lo hice, pero hoy he vuelto a visitarlo, y esta vez con la intención de escribir un post sobre ello. Y que me lo paso como un enano también ayuda.

El Musée Mécanique es una auténtica joya situada en los muelles del Wharf Area de San Francisco -concretamente en el 45, al final del todo-. El Wharf Area es visita obligada para todos los turistas que visiten esta preciosa ciudad y suele estar muy concurrido; no en vano se concentran en esta zona desde el Ferry Building -con sus tiendas y preciosas vistas del Bay Bridge-, hasta Ghirardelli Square, The Cannery, Pier 39, ferris a Alcatraz y decenas de otros lugares, marisquerías, el famoso pan Sourdough... en fin, que la mitad de la guía turística se resume en estas dos millas de paseo. Y en las guías que yo he leido ni siquiera se menciona este museo, lo cual es una pena. Pero bueno, para eso estoy yo, ¿no?
Pero si no se viene a San Francisco en rollo turista, eso no es excusa para pasar de largo por el museo, ya que está a tiro de piedra del centro y no os robará mucho rato. Y bien merece una visita.

Ahora imaginaos un pabellón del muelle 45 de San Francisco repleto de antiguas máquinas mecánicas arcade. Sí, de las que funcionan con un quarter o dos y tienen pistolas que lanzan bolitas de plomo, mueven una pianola, predicen tu futuro o te dan una descarga eléctrica. ¡Eso y mucho más es lo que encontraréis aquí!

Adentrarse en este museo es dar un salto atrás en el tiempo; contemplar estos artilugios casi mágicos manufacturados a partir de materiales hoy prácticcamente en desuso para tales menesteres -maderas nobles, plomo, zinc-y verlos cobrar vida por el módico precio de 25c... casi dan ganas de ponerse unos ropajes Victorianos y deambular por entre estas maravillas dejando caer nuestro monóculo debido al asombro que nos producen.


A los 11 años, un muchacho llamado Dan Zelinsky -hasta el nombre lo tiene perfecto- comenzó a coleccionar pequeños juguetes mecánicos. Poco a poco, y con mucho ingenio, su colección fué haciendose más grande, posiblemente única. No en vano podemos encontrar, en el mismo Musée Mécanique, una rareza como es una motocicleta accionada a vapor.
Y además de eso decenas de divertidas máquinas totalmente funcionales con las que gastarse unos dolares es una experiencia divertidísima. ¿Y lo mejor de todo? No es nada caro y con poco dinero te lo pasas como un crío. En serio, es realmente divertido.

No he tenido la oportunidad de conocer al señor Zelinsky, pero me da la sensación de ser un hombre terriblemente entrañable. Y, bueno, si encuentra este humilde blog, entiende el castellano y aún así quiere conocerme... ¡yo encantado!
Sí charlé en cambio, con un empleado del lugar a causa de unas gafas extraviadas que yo había encontrado en una de las máquinas. Gafas que, por cierto, eran suyas, y con una enorme sonrisa en su rostro quiso recompensarme dándome 75 centavos para jugar en las machines.
El señor no podía ser más acorde con el lugar: de unos 55 o 60 años, grandote y sonriente; extremadamente amable y agradable. Las gafas que encontré eran suyas, sí, ¡pero es que además llevaba otros dos pares puestos uno sobre otro! Me recordó a uno de esos inventores lovos de las películas infantiles. ¡Qué tipo tan genial! ¡Qué sitio tan genial!

Mis predilecciones personales son las maquinitas de pegar tiros, las de jugar contra otra persona y en las que puedes ver acontecimientos como el terremoto de San Francisco en 3D del año de maricastaña. Pero las pianolas y chismes mecánicos que parecen vivos también merecen una monedita, así como las brujas que predicen el futuro... ¡es la caña!


jueves 18 de junio de 2009

Twikini.

Una de las cosas que hice para que no me predierais la pista antes de venirme a USA fue hacerme una cuenta de Twitter. Y, claro, como tengo un smartphone chulísimo de la muerte con Windows Mobile 6 -Sony-Ericsoon Xperia X1-, y soy un jodido geek-nerd, me puse a probar clientes de Twitter para dicho SO.
El primero que probé fué el popular Tiny Twitter. Lo probé, sí, y lo quité en apenas un par de días, porque no había modo de que me dejara actualizar mi Twitter desde él, lo cual le hacía perder el 60% de su utilidad siendo generosos.

Y ya, investigando, encontré el Twikini y, bueno, me decidií por él. Llevo dos semanas dándole caña por toda la ciudad de San Francisco, actualizando el Twitter cuando encuentro una WiFi, leyendo los Twits de los amigos...
Y estoy encantado con él; es cómodo, rápido, bonito... La única pega es que no es freeware. Y no so voy a engañar, me hubiera puesto a buscar un serial para hacerlo funcionar... pero resulta que, si eres un blogger y haces un comentario de la aplicación, poniendo un screenshot y un enlace a http://www.trinketsoftware.com/Twikini ¡te regalan uno! Pues bueno, yo ya he cumplido :D

Pero, en serio, es bueno de verdad.