Este tío es el friki -en el buen, en el mejor sentido- más grande y genial que me he encontrado en mis aventuras por San Francisco. Y eso es mucho decir, que viendo el desfile del orgullo gayer pululaba por nuestra zona un tipo en bolas, con un algo atado al cipote para que no se le desempalmara, embadurnado en aceite de coco ¡y llevando peluca y barba postizas!
Pero Bush-man, Bush-man es más grande.
A ver, tú vas paseando por la zona más jodidamente turística de la ciudad, por una acera por entre los muelles de Wharf Area, donde, quiero dejar claro, no hay árboles ni ningún tipo de vegetación.
Es una zona turística, así que has de sortear pedigüeños, mercachifles y demás ralea típica. Entonces tus ojos captan una exraña figura: un hombre negro agazapado tras un jodido arbusto. Un arbusto que él mismo ha traido; un arbusto que él esta sosteniendo... ¡en una zona donde no hay arbustos! ¡Ni siquiera un helecho!
Confiado, debido a su astuto e imperceptible camuflaje, pasas a su lado prosiguiendo tu normal tránsito. Es entonces cuando Bush-man entra en acción y lo da todo: te pega un susto de 3 pares de cojones... ¡y te pide dinero! Bueno, más concretamente se lo pide a los que se lo estaban viendo venir y se descojonan a tu costa.
Y es acojonante, pero consigue asustar a un huevo de gente. Probablemente porque es negro.
No me digáis que no es un puto genio. Yo se lo he dicho cuando le he soltado un par de billetes. Y si vosotros venís alguna vez por estos andurriales, espero que hagáis lo mismo.
Pero Bush-man, Bush-man es más grande.
A ver, tú vas paseando por la zona más jodidamente turística de la ciudad, por una acera por entre los muelles de Wharf Area, donde, quiero dejar claro, no hay árboles ni ningún tipo de vegetación.
Es una zona turística, así que has de sortear pedigüeños, mercachifles y demás ralea típica. Entonces tus ojos captan una exraña figura: un hombre negro agazapado tras un jodido arbusto. Un arbusto que él mismo ha traido; un arbusto que él esta sosteniendo... ¡en una zona donde no hay arbustos! ¡Ni siquiera un helecho!
Confiado, debido a su astuto e imperceptible camuflaje, pasas a su lado prosiguiendo tu normal tránsito. Es entonces cuando Bush-man entra en acción y lo da todo: te pega un susto de 3 pares de cojones... ¡y te pide dinero! Bueno, más concretamente se lo pide a los que se lo estaban viendo venir y se descojonan a tu costa.
Y es acojonante, pero consigue asustar a un huevo de gente. Probablemente porque es negro.
No me digáis que no es un puto genio. Yo se lo he dicho cuando le he soltado un par de billetes. Y si vosotros venís alguna vez por estos andurriales, espero que hagáis lo mismo.







