viernes, 18 de abril de 2008

Ich bin ein berliner; viaje a Berlín.

Ya sé que comenzar la crónica de nuestro viaje con tamaño cliché es indigno de mi, pero ¡qué razón tenía Kennedy cuando lo dijo!
Berlín es una ciudad interesantísima y enorme, con una apasionante historia y lugares memorables que forman parte de ella. Incontables símbolos de la Historia -con mayúscula- llenan los rincones de la capital germana. Sí, Berlín es historia, historia, historia. Y mucho más: superación, normalización, técnica, planificación, gastronomía, gente...
Nos ha encantado. Y si bien los berlineses pueden parecer frios lo cierto es que son exquisitamente educados y respetuosos. Y nos hemos encontrado con gente amabílisima que, al vernos perdidos mirando el plano, se paraban a preguntarnos si necesitábamos ayuda y, de paso, bromear un poco. Una jovencita en cierta calle, un señor y una pareja en el metro, un señor en el tren... Gracias a todos.

Destacaré, para empezar, el impresionante sistema de transporte público. Los que utilizamos -a veces padecemos- el transporte público de Bizkaia no podemos hacernos una idea clara de las diferencias entre ambos hasta sentirlo en carne propia, pero intentaré transmitirlo de la mejor manera posible: lo primero que sorprende es que se accede desde la calle al andén, sin que nada impida colarse en el tren sin comprar y cancelar el billete salvo la propia honradez. No puedo imaginarme el caos que sería eso por estos lares; estaría el tren lleno de gente sin billete casi seguro. Tal es la confianza en la honradez de los usuaios que, en los 8 dias que estuvimos por allá -utilizando regularmente el transporte- no vimos un sólo revisor.
La red de conexiones está gestionada por varias sociedades distintas, pero eso no afecta al usuario; el billete es único y se puede combinar el U-bahn -suburbano-, S-bahn -tren elevado/cercanías-, tranvía, autobús... Nosotros compramos un abono semanal, lo cancelamos una vez y... ¡nos olvidamos! una gozada, de verdad. El abono semanal para las zonas A y B -que cubren la práctica totalidad de Berlín y gran parte del extrarradio- cuesta unos 25€.

·Checkpoint Charlie: La antigua frontera física -y simbolica- entre el capitalismo y el comunismo es hoy en día víctima del consumismo turístico más salvaje y bestial.
Pasear por el antiguo control es gratuíto, así como sacar fotos al ya mítico cartel que advertía que se estaba abandonando el sector americano. Sólo que este cartel es una mera réplica y el auténtico se encuentra en un museo situado en la misma calle y que, si bien sobre el papel puede parece muy interesante, es ridículamente caro. Además el lugar está repleto de puestos y tiendas de souvenirs donde te cobran absolutamente por todo -2€ por hacerte una foto con un gorro y abrigo soviéticos prestados-. Aunque es un buen lugar para comprar regalos, los baratos de los puestos son pura chatarra y los buenos son muy caros.

·Topographie des terrors: A unos pocos cientos de metros del Checkpoint Charlie se encuentra el solar donde antaño se ubicaba el cuartel general de la Gestapo. Sobre este mismo solar está proyectado que se erija un museo memorial. Mientras tanto, en los cimientos, existe una exposición con fotos y textos -en inglés y alemán- que atestiguan las barbaridades cometidas por la policia secreta del estado y las SS, tanto en Alemania como en otros lugares.
Las fotos pueden ser un poco fuertes para las personas sensibles -más allá de su significado, aparecen cadáveres, asesinatos y demás-.
La entrada es gratuíta pero hay que sortear a unos gitanos que suelen estar mendigando. Si queremos deshacernos de ellos sólo hay que responder que no, educada pero seriamente, cuando pregunten si hablamos inglés -lo harán-.

·Potsdamer platz: Continuando con el paseo y siguiendo las señales llegaremos a Potsdamer Platz, uno de los núcleos centrales de la ciudad de Berlín.
A principios de siglo la plaza era tan bulliciosa debido al tráfico que se estableció en ella el primer semáforo de Europa, que aún se puede observar en funcionamiento, pese a que no regule el tráfico.
También se conservan unos trozos del muro y, junto a ellos, paneles con información escrita -y hablada (en castellano), si nos acercamos a cierto poste que se ve con facilidad- sobre el.
Otros lugares de interés que hay en la plaza son el Filmmuseum de Berlín, un Lego discovery centre, Sony center -para technofrikis-, cines, restaurantes, tiendas...

·Brandenburger tor: Entre las avenidas Unter den linden -bajo los tilos- y 17 Juni se encuentra la histórica y monumental puerta de Brandenburgo -una de las dos, hay otra en Potsdam pero su único parecido es el nombre-.
No puedo decir nada que no haya sido dicho ya ni mejorar nada de lo dicho. Simplemente puedo decir que es hermosa y que hay que emplear unos instantes en su contemplación.

·Reichstag: A pocos metros de la puerta, pasando por las cruces blancas en memoria de las víctimas del muro -en la parte sur de Tiergarten- se encuentra el edificio del Reichstag, cuyo incendio dió la excusa a Hitler para asestar el golpe definitivo a las libertades individuales y comenzar su terrorífica dictadura.
Hoy sede del Bundestag -parlamento alemán- el acceso a la espectacular cúpula de Sir Norman Foster es gratuíto, aunque eso provoca larguísimas colas.
Es de los pocos lugares abiertos hasta las 22 horas. Cuidado con las navajas para cortar chorizo que hay que pasar un control de seguridad para entrar.

·Tiergarten: Es el pulmón verde del centro de Berlín; un parque enorme que comienza justo después de la puerta de Brandenburgo y discurre a los lados de la avenida 17 Juni. En este parque se encuentra el Sowjetisches ehrenmal, un monumoento a los soldados soviéticos digno de ver.
Y en el centro del Tiergarten, en una enorme rotonda, el Siegessäule, la columna de la victoria de Berlín. Por 2€ se puede subir a la plataforma situada justo debajo de la diosa Victoria -que saluda burlona hacia París- a unos 60m de altura. Os advierto que hay que subir un montón de peldaños de una empinada y estrecha escalera de caracol.
Las vistas son geniales... para los que no padezcan de acrofobia.

·Gendarmenmarkt: En esta curiosa plaza se encuentra el Konzerthaus Berlín, de Karl Friederich Shinkel -este tío lo construyó todo en Berlín y Brandenburgo- flanqueada por dos caterales gemelas: la Deutsche Dom y la Französische Dom -que fué la primera en construirse y se hizo a semejanza de la iglesia hugonote destruida en Charenton-saint-Maurice-. Fué construida para los hugonotes exiliados.
La alemana fué destruida en la II GM y reconstruida tras la reunificación.

·Alexanderplatz, Nikolaiviertel y Berliner Dom: La plaza de Alejandro -llamada así en honor al zar Alejandro I- no tiene pérdida: en el centro de la misma se encuentra el Fernsehturm -torre de televisión- construida por los soviéticos y que mide 365 metros. Se puede subir, pero es carísima y las colas suelen ser larguísimas cuando hace buen tiempo. Cuando hace mal tiempo sería pagar una pasta por ver... nubes.
Hay muchos comercios, restaurantes, metro, tren, tranvía... y un pequeño tugurio donde sirven un delicioso Currywurst -damos fé-.
Si nos encaminamos hacia el barrio de Nikolaiviertel nos enccontraremos en la parte trasera de Alex -como es conocida comunmente la plaza- una preciosa fuente dedicada a Neptuno y las estatuas de Marx y Engels.

El barrio de Nikolaiviertel es un lugar adecuado para comprar regalos de calidad y dar un agradable paseo. Recibe el nombre de una iglesia muy fotogénica que tiene justo enfrente una curiosa fuente de un oso que a mi pareja le encantó.

El Berlner Dom, al otro lado de Alex desde Nikolaiviertel, es la espectacular catedral de Berlín. Hay que pagar por entrar y las escaleras a la cúpula son un putadón.

·Monumento conmemorativo y museo de Sachsenhausen: Lugar de obligada visita que pone los pelos de punta. Mediante la ayuda de una audiguía -en castellano y de pago pero barata- se nos conduce por todos los lugares del campo de concentración y exterminio haciéndonos parte de la conciencia colectiva de los hechos espeluznantes llevados allí a cabo, tanto por Nazis como por Soviéticos.
Iba a decir que me gustó, pero no es la palabra correcta. Lo cierto es que no sé que palabra utilizar.
La audioguía relata lo que sucedió allí de manera directa, sin eufemismos ni circunloquios. Sin edulcorantes pero evitando caer en la morbosidad o lo escabroso. Cuenta exáctamente lo que ocurrió tal y como ocurrió; ayudándose además de testimonios de víctimas de propia voz.
Hay que ir a verlo. Y aún después de haber ido cuesta creer que el ser humano pueda llegar a tales extremos. Si no te revuelve las entrañas eres inhumano.
El lugar está a unos 15 o 20 minutos a pié desde la estación de Sachsenhausen, un pueblecito de las afueras de Berlín. Hay una parada de autobús frente al campo, pero estábamos aturdidos y no nos fijamos en qué línea era.

·Olympiastadion: En 1936 y con Hitler en el poder se celebraron en Berlín los juegos olímpicos. Para tal efecto construyó en Charlotenburg, a las afueras de la capital, un complejo olímpico sencillo pero lleno de simbolismo -pro germánico, claro-.
Hoy en día renovado y sede del Hertha BSC, el equipo de fútbol berlinés, se ofrecen audioguías que, conjuntamente con al entrada, cuestan 6.50€ -5.50€ reducida- y hay que dejar un documento de identidad como depósito.
El tour con la audioguía -en castellano- dura sobre una hora, aunque nosotros tuvimos que hacerlo a sprint y conseguimos completarlo en 45 minutos.
Es una visita fantástica.

·Ku' damm e iglesia memorial Kaiser Wilhelm: En la pintoresca calle Kurfürstendamm -o Ku' damm, como se refieren a ella los lugareños- no encontramos con un monumento que quiere servir de recuerdo de los estragos de la guerra: Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche. La iglesia fué víctima de los bombardeos aliados durante el asedio final a la ciudad. Después de la guerra se decidió dejarla tal y como había quedado a modo de testimonio; sólo queda en pié la torre, y su cúspide se halla fracturada. Marcas de balazos y metralla son visibles desde todos lados.
Paradójicamente esto, en lugar de restar belleza a la construcción original, no hace más que incrementarla.

·La isla de los museos: En el mismo centro de Berlín, justo donde el Spree se divide, se encuentra una auténtica isla del tesoro: Museumsinel.
Ni más ni menos que 5 museos nacionales son los que ocupan el espacio de esta isla. Y sus colecciones no son baladí -en ninguna de sus dos acepciones-.
1- El Altes Museum o viejo museo: para empezar, es un edificio precioso; al entrar en la rotonda central casi pierdo hasta el aliento por lo hermoso que es. En su haber una gran colección de arte y objetos grecorromanos y, hasta que el museo nuevo -Neues museum- sea remodelado, una más que impresionante colección egipcia donde la pieza más llamativa quizá sea un busto, asombrosamente conservado, de Nefertiti. Pero os aseguro que hay mucho más que ver.
2- El Bode Museum: Situado en el vértice norte de la isla, está dedicado al arte sacro. Docenas de retablos, cruces... ¡yo que sé!
3- El museo del Pérgamo: El más querido por los locales. Y no me extraña porque es impresionante.
El nombre del museo proviene de la antigua ciudad del Pérgamo, en lo que ahora es Turquia. En esta ciudad hace no sé los años construyeron un altar dedicado a Zeus... y ese altar es lo primero que te encuentras al entrar en el museo. ¡Es enorme! de unos 25m de ancho y 10 de alto.
Pero no es el único objeto gigantesco del museo; también se puede disfrutar del sobrecogedor espectáculo que debía de ser entrar en Babilonia... ¡paseando por uno de sus verdaderos caminos que lleva a una de las verdaderas puertas! Sí, la puerta de Istar esta ahí, y es algo a-lu-ci-nan-te. Lo cierto es que parece un museo dirigido a dejar con la boca abierta a todo aquel que tenga la fortuna de visitarlo.
4- Alte Nationalgalerie: Museo dedicado en exclusiva al arte escultórico y pictórico del siglo XIX.
5- Neues Museum: Ya he dicho que está siendo remodelado y que acogerá una fascinante colección de objetos egipcios.

Se puede comprar una entrada combinada para todos los museos que sale mucho más barata que la entrada a dos museos por separado. Es decir, si se va a visitar más de un museo, es una chorrada no comprar la entrada combinada.
Además hay guardarropías y audioguías gratuitas en todos los museos -pero no siempre en castellano- para disfrutar más de la visita.

·Ampelmann, Hauptbahnhof & East side gallery: Tras la derrota de los Nacional-socialistas, los vencedores establecieron el futuro de alemania partiendo ésta y su capital. Así pues, Berlín quedó dividido en varios sectores y, algo después fué separado físicamente mediante El Muro.
El Muro marcaría la vida de Berlín hasta 1989, cuando por fín cayó. De todos modos la vida siguió, mal que bien, a ambos lados. Y surgieron artistas anónimos -y no tan anónimos- que utilizarian el hormigón de muro como lienzo. Aún se conservan muchos de esos trozos; especialemente reseñable es el conocido como East side gallery, un largo pedazo de1.3 Km que discurre junto a la orilla del Spree -S-bahn Ostkreuz- y fué pintada, en el lado oriental, a la caida del muro. Se considera la mayor galería al aire libre del mundo.

Y también del lado oriental surgió un simpático hombrecillo de los semáforos ó Ampelmann. Adorna los semáforos del lado este de Berlín y hoy en día se ha convertido en todo un símbolo de la ciudad. Se puede comprar todo tipo de merchandising con su imagen: gominolas, paraguas, chanclas, mecheros, lámparas...
Son un regalo estupendo.

En 2006 Alemania acogió el mundial de fútbol. Para poder absorber las mareas futboleras que provocaría ésto, se reforzaron las ya de propio sobresalientes infraestructuras. Y dentro de este plan entraba la construcción de una enorme estación central: el Berlin Hauptbahnhoff.
Esta impresionante y hermosa mole de cristal adorna una orilla del Spree en el centro de la ciudad, y es más que digna de mirar.
Recomiendo ver el episodio sobre la construcción de Megaestructuras.

·Potsdam: En un descanso, acompañado de chocolate caliente y un donut, en un Dunkin, encontramos un panfleto que ofercía un tour guiado gratuíto -basado en propinas- en la cercana localidad de Potsdam. Más tarde averiguamos que New Europe tours ofrece servicios parecidos en varias ciudades Europeas. Y os lo recomiendo encarecidamente. El panfleto nos convenció y decidimos ir a uno de los 3 puntos de encuentro posibles para conocer a nuestro guía.

Un par de minutos después de la hora programada llegó a la plaza un grupo angloparlante liderado por un jóven con una divertida gorra, incontables piercings, dilatadores en ámbos lóbulos, tatuajes... y una mochila de la que salian marchas prusianas. Efectivamente, era nuestro guía: Donald. Un canadiense afincado en Berlín, encantador y saladísimo; con grandes conocimientos sobre el lugar. Durante unas 3 horas nos guió con una charla amena y divertida, llena de anécdotas e historias, por la rica historia de los lugares que visitábamos.
La visita de Potsdam es fascinante y engloba lugares tan emblemáticos como el puente Glienicke, que era una de las fronteras efectivas entre Berlín occidental y Alemania oriental y es conocida por ser el lugar donde se hicieron múltiples intercambios de espias prisioneros durante la guerra fría. Nótese que la mitad exacta con mejor mantenimiento y pintura más reciente es la gestionada por la RFA.

Una de las anécdotas más curiosas que Donald nos contó, mientras paseábamos por lo que un día fueron los jardines de la familia imperial prusiana, fué la de los hechos ocurridos en la cercana Pfaueninsel donde el propagandista Nazi Joseph Goebbels, para agasajar a los deportistas alemanes que habían vencido en los juegos olímpicos -que fueron eclipsados por el negro Jesse Owens- montó una fiestecita. Para acceder a la isla se montó un puente que era sostenido por 36... ¡soldados de las SS! Una vez en la isla la diversión consistía en cazar a una -o varias- de las ¡250 lumis vestidas de ninfas y escondidas en el bosque! Acojonante.

De los lugares visitados en Potsdam, el que más me impresionó fué Schloss Cecilienhof; un palacio de estilo Tudor que fué construido durante la I GM -lo cual no deja de ser extraño porque, a: cuando se está financiando una guerra no se suele gastar el dinero construyendo palacios; y b: ¡no se copia el estilo arquitectónico al enemigo!-.
Pero lo más impresionante del lugar, más incluso que su elegante hermosura, es el hecho de que en ese edificio se decidió el destino del mundo.
Tras el fin de la guerra, los líderes de las 3 grandes naciones aliadas debían reunirse para atar los últimos cabos sueltos y, de paso, repartirse el botín. Berlín parecía ser el lugar adecuado para reunirse, como capital y como último bastión del nacismo. Pero desgraciadamente, los bombardeos no habían dejado mucho de Berlín en pie.
Existía en Potsdam, en cambio, un lugar muy apropiado para reunirse; lo suficientemente simbólico y que, además, disponía de 3 entradas independientes. Puede parecer una chorrada, pero cuando se van a reunir los 3 mayores líderes que quedan en el mundo, si tienen que compartir la misma puerta, uno de ellos tendría que entrar primero pareciendo más importante que los otros dos. Como ni Churchill ni Truman ni Stalin querría ceder el paso se produciría el efecto "los 3 chiflados". Con tres puertas se acabó el problema.
También es en Cecilienhof donde tuvo lugar la famosa conversación entre Winston Churchill y Joseph Stalin. Mientras se celebraban las conversaciones, en Inglaterra hubo elecciones y Churchill perdió. Tuvo que dejar, por tanto, las conversaciones y ceder el puesto a su sustituto. Se acercó a los otros dos para despedirse y dijo a Stalin: "Debo marcharme; el pueblo británico ha votado en mi contra. Es su decisión y debo obedecerla". A lo que Stalin respondió: "¡¿Y tú les dejas?! Locos ingleses..."
Y también es el lugar donde Harry S. Truman tuvo noticia del éxito de las pruebas nucleares de Nuevo México y dió la orden de bombardear Hiroshima y Nagasaki, dando fin a la guerra del Pacífico.

Podría contaros infinidad de historias y anécdotas -gracias a Donald- sobre Potsdam, pero se eternizaría la entrada sobre Berlín -que bastante extensa es ya-. Quizá algún día dedique una entrada en exclusiva a Potsdam, que bien lo merece.

Sólo recordar un momento de genialidad que tuvo Donald cuando, para subir la escaleras exteriores del palacio de Sans Souci, nos puso "Eye of the Tiger". Enorme. Sigamos con los alrededores de Berlín.

·Spandau: La localidad medieval de Spandau es hoy en día un núcleo comercial bien comunicado. De camino a Berlín poseía un importante puerto y es un ejemplo de planificación medieval. Su principal interés es la ciudadela, que empezó a construirse en el siglo XIII y fue remodelada en varias épocas. Los Nazis la adaptaron para sus propósitos: laboratorio de armas químicas.
La entrada a la ciudadela es gratuita y se puede subir al torreón con total libertad, así como mirar los múltiples talleres que tienen lugar en los edificios de allí o pasear por los bastiones.
Sí que se necesita entrada para las exposiciones -armamento, armaduras, cimientos, arte, objetos nazis...- Se vende una única entrada para todo.

·Museo de la técnica alemana: Dirigido más al público alemán que al turista extranjero, harían falta al menos dos días completos para visitarlo en condiciones.
Antes de entrar capta nuestra atención un avión estadounidense suspendido en la fachada por cables. Y es que, este museo, dispone de una impresionante colección de aviones antiguos, barcos, trenes, coches...
El edificio principal es enorme y, además, se pueden visitar otros dos edificios cercanos donde están los apartados de física y experimentos y de coches antiguos. Es espectacular, pero una tarde -como fuimos nosotros- no da para disfrutarlo en condiciones. Dispone de guardarropía.

·Museo de la resistencia alemana: Posiblemente la visita que más me ha gustado.
Tras visitar Sachsenhausen, Topographie des terrors y otros lugares del estilo, y de tener conocimiento in situ de las atrocidades cometidas, uno no puede dejar de pensar, al ver algún anciano, si no sería alguien culpable, con su apoyo o su connivencia de tales hechos.
El GDW te reconcilia. En este museo totalmente gratuito disponemos de miles de documentos y fotos que documentan la historia de la resistencia antinazi, tanto en Alemania como en el exilio. Lamentablemente, todos los documentos están en alemán, pero en recepción proporcionan audioguías gratuitas en castellano y, con su ayuda, iremos adentrándonos en los diversos puntos de la exhibición: la resistencia en los círculos obreros, la resistencia comunista, cristiana, protestante, judía, el plan del golpe de estado, el atentado contra Hitler, los fusilamientos contra los militares insurrectos -que tuvieron lugar en el mismo edificio-...
Disponen de taquillas y se venden publicaciones -en alemán e inglés- a precios estupendos. Yo me compré uno que resume la historia de la resistencia por 3€.
Absolutamente recomendable.


Y con esto termino la crónica, que me ha salido un ladrillo de la pera. Y me dejo un montón de lugares en el tintero, así que, si queréis saber lo que me dejo... iros a Berlín. Hala, os dejo con las afotos.



4 comentarios:

Leire dijo...

Chulísimas las fotos!!!
Por fin he sacado un rato para verlas con calma.
Qué pasada la puerta de Istar, es alucinante. Y esas fotos al atardecer te han quedado preciosas ;)
Y qué grima da el guía con tanto hierro!!

CURRUSA dijo...

Hola!
Muy buena tu reseña de viaje a Berlín, tengo planeado ir en septiembre y quisiera saber en cuántos días has hecho el recorrido que relatas.

Saludos!!! ;-)

20R3Mun dijo...

Muchas gracias, Currusa :)
Estuvimos en Berlín una semana, de sábado a sábado; y ya te digo que algonas cosas y lugares que vimos los he dejado de comentar. Quise centrarme en lo más importante y reseñable :)

CURRUSA dijo...

Vaya! Yo solo tengo 4 días para recorrerlo espero porder ver una cuarta parte de lo que haz reseñado...
Muchas gracias!

Saludos!!! ;-)